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El Tema de los Temas
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¿Bajar precios o subir salarios?
Hablar de precios es hablar, inevitablemente, de ingresos. Aunque de 1994 a la fecha la mayoría de los productos en moneda nacional se ha abaratado, la impresión popular sigue siendo que "todo está muy caro". Las razones son varias.
La correspondencia entre los salarios y el índice de precios al consumidor continúa en un nivel muy desfavorable para la mayoría, a pesar del crecimiento, año por año, del salario promedio. Además, las necesidades materiales acumuladas en esta década de crisis económica, presionan cada vez con mayor fuerza las economías familiares, sobre todo cuando se constata que hay una expansión notable de la oferta de productos y servicios. Los tiempos en que "no había nada de nada" quedaron atrás.
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Con 20 pesos cubanos se puede comprar este aceite en este mercado, pero . . .
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En los recientes debates sobre las Tesis del Congreso de la CTC, fue frecuente escuchar propuestas y criterios a favor de una acción estatal para la reducción de los precios; a la vez, se defendía la opción de mejorar el ingreso de los trabajadores por la vía de los incrementos saláriales..
Ciertamente, una disminución de precios en la actualidad beneficiaría fundamentalmente a los bolsillos más solventes y sería tan sólo un ligero alivio para las mayorías. La caída del índice de precios continúa dependiendo hoy, en gran medida, de un aumento considerable de la oferta de productos (sobre todo en lo referente a las producciones agropecuarias), y no de un criterio voluntarista que, desconociendo la ley de la oferta y la demanda, fije precios ideales para la especulación.
Sin embargo, a criterio de muchos trabajadores, productos de primera necesidad como el aceite, el jabón, el detergente y la leche en polvo, debieran abaratarse en la red comercial en divisas. Aunque el principio que primó para establecer la política de altos precios en esas tiendas conserva su vigencia, parece conveniente -a juicio popular y de especialistas- hacer algunas variaciones con respecto al precio de estos artículos.
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En una primera instancia, resulta absolutamente cierto que quienes manejan dólares con relativa abundancia son privilegiados, y un sistema de precios elevado para su consumo es justo. Sin embargo, desde agosto de 1993 hasta hoy, el dólar se ha extendido en la economía de la población, y lo que pudiera tomarse como privilegio no es ya la tenencia de la divisa, sino los montos de gasto de varias personas. Pero la razón fundamental estriba en que no hay una oferta en moneda nacional de esos productos elementales; y de haberla en la actual coyuntura, tendría como inevitable referente de precios al de las tiendas en dólares.
En la contienda por incrementar el poder de compra de la población, parece ganar más espacio la tesis de los aumentos salariales. Una disminución global de precios, ciertamente crearía un clima benéfico en sentido general, pero no mejoraría la capacidad adquisitiva de los cubanos del modo más equitativo. Sólo elevando gradual e inteligentemente los sueldos y pensiones, para no comprometer la estabilidad monetaria, podría fortalecer el bolsillo de quienes más lo necesitan.
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. . . en esta panadería se necesita $.50 o $.70 USD para comprar este pan.
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Texto (c) 2001 Bohemia
Fotos (c) 2001 C. O'Hara
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