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DECLARACIÓN SOBRE GUANTÁNAMO DEL GOBIERNO DE CUBA
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Al triunfo de la Revolución en Cuba, esa base se convirtió en causa de numerosas fricciones entre Cuba y Estados Unidos. La inmensa mayoría de los más de tres mil ciudadanos cubanos que allí laboraban fueron expulsados de su puesto de trabajo y sustituidos por personal de otros países. Hoy sólo quedan 10 trabajadores cubanos.
Eran frecuentes los disparos desde esa instalación hacia nuestro territorio, algunos soldados cubanos murieron como consecuencia de esos hechos. Elementos contrarrevolucionarios encontraron en ella apoyo y refugio. A lo largo del período revolucionario, por decisión unilateral de los gobernantes de Estados Unidos, decenas de miles de migrantes, haitianos y nacionales cubanos que trataban de viajar a Estados Unidos por sus propios medios, eran concentrados en esa base militar. A lo largo de más de cuatro décadas, ésta ha sido empleada para múltiples usos, ninguno de los cuales estaba contenido en el acuerdo con que se justificó su presencia en nuestro territorio.
Cuba no podía hacer absolutamente nada para impedirlo.
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Por otro lado, a lo largo de casi medio siglo nunca se produjeron las condiciones propicias para un análisis sereno, legal y diplomático con el propósito de alcanzar la única solución lógica y justa a esta larga, crónica y anormal situación: el reintegro a nuestro país de ese espacio de nuestro territorio nacional ocupado contra la voluntad de nuestro pueblo.
Sin embargo, un principio básico de la política cubana ante este problema extraño y potencialmente peligroso entre Cuba y Estados Unidos, que ha perdurado decenas de años, ha sido evitar que nuestro reclamo se convirtiera en tema prioritario y ni siquiera en asunto de especial importancia entre las numerosas y graves diferencias que existen entre ambos países. En el propio Juramento de Baraguá formulado el día 19 de febrero del año 2000 la cuestión de la base naval de Guantánamo se expone como último punto, y se expresa de la siguiente forma: ... "a su debido tiempo ya que no constituye objetivo prioritario en este instante aunque sí justísimo e irrenunciable derecho de nuestro pueblo, ¡el territorio ilegalmente ocupado de Guantánamo debe ser devuelto a Cuba!"
Ese enclave militar es precisamente el lugar donde soldados norteamericanos y cubanos se encuentran unos frente a otros y, por ello, donde se requiere más serenidad y sentido de responsabilidad. Aunque dispuestos a luchar y morir en defensa de su soberanía y sus derechos, el más sagrado deber de nuestro pueblo y sus dirigentes ha sido preservar a la nación de evitables, innecesarias y sangrientas guerras. Es aquel también el punto donde más fácilmente personas interesadas en crear conflictos entre ambos países podrían instrumentar planes que sirvieran para provocar acciones agresivas contra nuestro pueblo, en su heroica resistencia política, económica e ideológica frente a la colosal potencia de Estados Unidos.
Nuestro país se ha esmerado en aplicar allí una política especialmente cuidadosa y ecuánime.
Debemos señalar sin embargo que, si bien durante décadas reinó bastante tensión en el área de la base naval de Guantánamo, en los últimos años se ha producido allí un cambio de clima. Se respira una atmósfera de respeto mutuo.
Cuando en 1994 en aquella base se acumuló un gran número de balseros enviados a ese lugar por las autoridades norteamericanas, la propia situación creada determinó la necesidad de resolver numerosos problemas que se fueron creando y que ponían en peligro la vida de muchas personas. Unos trataban de penetrar desde nuestro territorio para emigrar hacia Estados Unidos y, a la inversa, no pocos trataban de salir de la base y volver al país atravesando terrenos minados. Se producían accidentes y muchas veces nuestros propios soldados corrieron graves riesgos para rescatar personas en los campos de minas. Estas acciones requerían también información y cooperación del personal de la base. A estos hechos se unían las consecuencias de grandes lluvias y crecidas de los ríos en esa área, arrastrando minas y borrando señalizaciones de las mismas, lo que igualmente daba lugar a situaciones similares de peligro para todos.
Tales circunstancias contribuyeron a una mejoría de ambiente y contactos autorizados, aunque mínimos, indispensables entre los responsables de uno y otro lado del perímetro. No hay hoy allí lo que pudiera considerarse un ambiente de hostilidad y guerra.
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